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Esa noche entre sueños y esperanzas cruzaste la puerta,
vestida de rock and roll  te miramos gritando señorita,
pero al escuchar tus pasos supe que eras una lady
Lady underground
pestida de Prada  en México
componiendo el mundo devastado por tu pasado extraño
catalana hermosa
gallega misteriosa…
Y vas de Turisas,
Falconer y Slayer
no importa yo te he puesto un par de The Cure
chica extraña, perdida  y sola
siempre serás como el cielo
mi niña, la señorita, la lady underground.
"Cual es tu nombre?" Pregunté dejándome caer agotado sobre las sábanas.
 
  "Perséfone" fue tu escueta respuesta; con un deje frío en el timbre de tu voz y una sonrisa pícara en tus labios.
 
  Perséfone, como la leyenda griega; aquella hija de Démeter Diosa del Olimpo y de Zeus. Perséfone, cuya belleza conquistó a Hades, señor de los muertos, el cual la secuestró para tomarla como esposa. Perséfone, que fue rescatada por su madre, para luego descubrir que al haber probado uno de los frutos del reino de los muertos, estaba vinculada a este, y que no podría dejarlo indefinidamente.

  Perséfone, que en la primavera se reúne con su madre, y es entonces cuando las flores se abren en todo su esplendor, y la vida vuelve a la tierra; pero que al pertenecer a su captor, en Otoño ha de volver al mundo de los difuntos, donde le espera su matrimonio, una muerte en vida; muerte que queda reflejada en la tierra con la llegada del otoño, y los fríos invernales.
Perséfone ¡Cuantos paralelismos hay entre tu vida, y la Perséfone griega! He llegado a pensar que sois la misma. Cuando puedes escapar de tu matrimonio vacío, al que casi te viste forzada, y te reúnes conmigo; la primavera llega a mis ánimos; la vida misma estalla en mi interior con el brote de tu sonrisa, y el calor del sol me inunda con tu mirada. Es imposible tener pensamientos fúnebres cuando comparto tu presencia, cuando tus cabellos caen en cascada alrededor de tu cuello y sobre tu pecho; cuando compartimos la danza de la vida y me llevas a territorios inexplorados de suma felicidad.

  Pero la realidad se impone, Perséfone. Y al igual que tras la Primavera llena de vida, llega el caluroso verano, tras este llega el melancólico Otoño, y el solitario y frío invierno. Y así son mis noches cuando volvemos a nuestras realidades, Perséfone: tú de vuelta con tu marido captor, y yo con mis noches frías y solitarias, sabiendo que perteneces a otro. Odiándole por que te tiene contra tu voluntad, envidiándole por que te tiene.

  Las noches otoñales son las más duras, pues aún tengo fresco el recuerdo de nuestros estivales y calurosos encuentros. En esas noches, fruto de la desesperación, he gritado mil veces al viento tu nombre. La respuesta ha sido el eco del silencio; trayéndome el recuerdo del vacío que deja tu ausencia. Y con ese vacío, con ese silencio atronador que todo lo llena e invade, llegan las noches invernales que congelan mis sábanas, mis ánimos, y hasta tu recuerdo.
Pero sé que la primavera llegará de nuevo a mi vida, es ley y ciclo de la naturaleza; como sé que tú también estarás de vuelta. Tu Hades, tan cabrón, no puede vigilarte ni controlarte todo el año; y ese pensamiento es el que me consuela en mis inviernos que paso privado de tu presencia.

  ¡Vuelve, amada Perséfone! ¡Trae de nuevo la vida de la primavera a mi existencia, y el calor del verano a mis entumecidos miembros. Trae esa vida y ese calor a mi corazón para que pueda latir con más prisa, recordándome que estoy vivo, y que mi hora de ir a la barca de Caronte aún no ha llegado. Tráeme la felicidad de mi primer encuentro con la primavera, contigo, llenándome de ilusión, haciéndome olvidar el frío, silencioso y solitario invierno. Tráeme ese primavera llena de vida y promesas de un mañana mejor y más cálido.

  Y si algún día la tristeza de mi invierno es tal, que mi pobre corazón no lo soportase más, quiero que en mi tumba quede escrito: "Esperó la primavera que le traía a Perséfone"
El ultimo microbús

Son las 11:59 de la noche, me encuentro en el cruce del eje 3 oriente y el eje 4 sur, justo debajo de la estación del metro Coyuya, no es un hermoso sitio para quedarse varado, una noche de frio, donde el dinero es escaso y el metro no es la opción para ir a casa, por fortuna se que el ultimo microbús que pasa por esa zona transita entre las 12 con 15 y las 12 con 30 de la noche, aun queda tiempo para que pase, por eso supongo estoy confiado y espero el microbús, sin que me importe el frio. La luz tenue de esos faroles que apenas si sirven, a esta hora hacen parecer aun mas solitario el lugar, pero me siento seguro bajo esa luz, junto al metro, y en esta calle que es una avenida principal, el peligro de caminar en la noche por esta zona quedo calles atrás, ese peligro de que alguien se me acerque, quedo muchas calles atrás, ahora respiro lento y espero ansioso a que llegue el microbús.

Los faros de los autos me dejan ciego por momentos, a veces no distingo entre vehículos grandes o pequeños, pero ninguno es el transporte colectivo llevo más de 15 minutos esperando, y me pone nervioso estar allí, pienso en tener cigarros y fumar uno, pero no compre cuando pude, ahora tengo que aguantar la espera, sin el preciado humo. Con certeza el cigarro evita que me vuelva loco... me mantiene vivo… vivo hasta que me muera.

No pasa el microbús, ya son casi 12 con 30 y no ha pasado ninguno, se que aun no pasa el ultimo, y mientras la noche se agudiza en madrugada, me alegro de no andar cargando con mi cámara u ipod, es mas mis posesiones más valiosas ahora mismo son los 5 pesos que pagare en el microbús, no tengo nada robable eso es una fortuna, como la fortuna de encontrarme solitario esperando el microbús.

La noche se alegra con la llegada de un perro vagabundo, un perro negro solitario y abandonado asu suerte, como yo. El perro me observa y pasa de largo, le sigo con la mirada y sonrió, pensando en que es mi perfecto retrato; cansado, grande negro abandonado buscando su casa, pero él, la encuentra rápido, en cualquier esquina, y yo espero el trasporte que por fin pasa, hago la parada con ánimo y avidez de llegar a casa, el microbús apaga las luces, y pasa de largo, me quedo perplejo y no me lo creo. Más adelante se detiene el carromato moderno de peatones cansados, corro para subir al microbús.

Un repentino apagón en la calle me hace detener y dudar, pero subo al microbús, la calle vuelve a tener luces, y el chofer un chaval de no más de 19 años, vestido con jeans y playera blanca, una gorra de “AC/CD”, me recibe y me dice –pasa-, le intento pagar y me dice que es el ultimo, que no va a cobrar porque es un servicio especial, yo sonrió, desconfió un poco pero sigo. No me había dado cuenta que el microbús estaba casi vacío, muy poca gente ya viaja en esta ruta a estas horas. El microbús simple con luces azules, el clásico microbús con letreritos de baje por atrás, la lista de tarifas y los sillones incómodos, nada fuera de lo normal, arranca el microbús y el chofer enciende nuevamente su radio.

Extrañamente me siento cómodo en el transporte, camino a la parte trasera para poder sentarme cómodamente sin que los respaldos me lastimen las piernas a mi derecha justo junto a la puerta de ascenso, un señor gordo come unas semillas no distingo si son pepitas o que, viste con una camisa azul y corbata amarilla su traje verde hace un juego extraño así como sus lentes setenteros color marrón, a mi derecha una señora  viaja con un niño, no sé si es su hijo o su nieto, el pequeño de unos 4 años está inquieto y come un dulce, justo atrás de la señora un chica con un escote generoso se mira en el espejo, en el otro extremo unos chicos platican y al fondo junto a la puerta de descenso un tipo parece dormir, me siento en el asiento final.
Extraño mi música pero el camino a casa es corto a esta hora no hay tráfico y la música que ha puesto el chofer está bien, son “The Doors” y reconozco la vos de Morrison coreando People are Estranger.

People are strange when you're a stranger
Faces look ugly when you're alone
Women seem wicked when you're unwanted
Streets are uneven when you're down…

El chofer hablo, dirigiéndose al hombre, elefante, mientras que degustaba nueces de la india, su corpulencia, su piel gris su enorme nariz que era como una trompa y sus orejas grandes que sostenían unos anteojos, -el elefante respondió que sí- No escuche la pregunta o la afirmación solo el “si” contundente, aquel tipo, un habitual hombre gordo, desterrado a segur comiendo, satisfaciendo sus ansias de mas, esa gula tan suya, como si un pecado capital habitara en él, no era su gordura, era su estirpe lo que le convertía en elefante, de una familia hindú antigua descendiente de Ganesha, había parado a este lugar de las forma más extrañas pero apasionante. El hombre elefante no hablaba español, por eso no entendía la conversación que sostenía el chofer y el hombre elefante, al parecer el chofer también hablaba hindú.

No podía despegar mi mirada curiosa de ese par, sus ademanes y el idioma que me era tan ajeno me tenían hipnotizado, hasta escuchar el gruñir del niño que la anciana sostenía en sus brazos, me hizo cambiar la mirada; ese niño amarillento, flacucho, casi esquelético de cabeza enorme, tenía un hueso de algún animal entre las manos, el hueso a un con un poco de carne y sangre era roído por las hileras de colmillos de ese niño que no hablaba pero gruñía mientras disfrutaba su hueso.

La madre abrazaba a su hijo y le sostenía el hueso, cada que este lo dejaba caer, no importaba que tan cruel y malvado fuera el niño la madre lo amaría y lo cuidaría, no importaba que el hueso que comía fuera lo último que quedo de su padre, inclusive ella estaba dispuesta a dar su cuerpo a su vástago, era amor de madre incomparable e irracional.  El niño bestia se acurrucaba en su madre y esta lagrimeaba, sentía el dolor del fracaso, pero era su hijo lo que le impulsaba a caminar, seguía esperando el momento en el cual su hijo tuviera hambre y la comiera.

Una vos me llama dice; -es triste, ese niño comerá a su madre, después quedara en el desamparo, tal vez se coma el mismo, o muera de hambre porque nadie va a alimentarlo- la chica con a las de avestruz, me comentaba su angustia sobre el niño, ella de Algún modo, se identificaba; cuando era una niña su madre fue muerta por unos perros y su padre la vendió a una granja, para que pusiera huevos, pero la chica jamás pudo poner huevos, no era una gallina, simplemente tenia alas, pero no era un ave incompleta no podía volar y sus grandes pechos, le hacían muy pesada para poder volar, cuando logro salir de la graja se dedico a buscar la forma de volar pero jamás pudo hacerlo, se tejió alas de mariposa, de murciélago y de mosca pero eran tan inservibles como sus alas de  avestruz, estaba indefensa y sola, pudo haber muerto pero un gorrión le adopto y le otorgo una familia ahora ella estaba contenta, tenía a alguien quien cantarle.

El camino se ha convertido en las historias de los tripulantes de estos personajes bizarros, raros pero tan normales tan humanos como esos gemelos unidos por el cuello. No me incomodaban en o mínimo les salude y ellos al unisonó exaltaron un -hola ¡Bro!-, yo sonreí y les pregunte sobre su día ellos no tardaron en responder que había sido fatal, el trabajo fue bueno pero la vida era terrible, en la calle les aventaron y maltrataron, que un niño se espanto de ellos y una señora les pego, era difícil ser dos unidos formando uno, pero era más difícil querer ser normal cuando todo el mundo se empeña en tratarte como un anormal, aun así pese a todo ello, los gemelos no perdían su sonrisa, eran alegres, a diferencia del tío que estaba sentado junto a la puerta de descender, vestido con su gabardina parecía las sombra le ocultaban, aunque se podía ver su mirada debajo de ese sobrero extraño, una mirada salvaje, nada animal ni bestia como el niño, era salvaje por malvada y terrible.

No le hable, pero él me miro y me tendió la mano con un tarjeta su nombre en ella y una profesión poco habitual “obituarista”, no entendía porque me daba eso, era muy extraño pero no me importo demasiado, tome la tarjeta la guarde, le dije –gracias-, el volvió a sentarse y se quito el sombrero de forma cortes agradeciendo, al descubrirse la cabeza se podía ver un par de cuernos y una cabellera negra intensa, sus ojos rojos tan fieros como el infierno, era un diablo y escriba sobre muertos, que jocoso pensé.  El viaje estaba lleno de historias y de peculiaridades.

Tenía sueño y quería dormir, quería llegar pronto a casa.

Pensaba en llegar a casa y tumbarme en la cama, en dormir con una sonrisa eterna y despertar con una tristeza infinita, cerrar los ojos cuando los abriera el frio de la noche hubiera terminado y el día reinara con una promesa de un comienzo mejor.

Allí estaba yo, comenzando a ver lo que había a mi alrededor como si mis ojos a penas estuvieran aprendiendo a ver la luz, y lentamente pude vislumbrar dentro del microbús a mis acompañantes, cada uno un fenómeno, un desgraciado o un condenado, no era casualidad, yo tenía que estar ahí mismo con ellos, yo que fui esquivado, criticado, repudiado, de cuerpo feo y los brazos mongolos, el gigante y gordo, el feo, era un monstruo, tal vez la noche nos convierte en seres normales,  pero en el fondo nuestra naturaleza terrible nos conduce a encontrarnos, no existen las casualidades sólo lo inevitable, en este lugar se vive con la esperanza de ser aceptados, yo pertenezco a aquí a la caravana errante condenada a no parar hasta completar la estirpe, yo soy un pasajero de este microbús de monstros.

Sentado en la parte posterior del microbús contemplaba la realidad del mundo, sonreía y era irónico, estaba contento y sentía cierto odio, mientras pensaba; -en lo tanto que me desagrada mirar al humano medio a los ojos. ¿Dónde está su espíritu? Su mirada es mate. ¿Existe, quizás, algún ser detrás de esas opacas pupilas? Sondeo en vano: asemejan a los ojos muertos de los pescados expuestos en el mercado. A veces pienso que detrás de ellos solo hay concavidad, infinita concavidad color mate, es hasta absurdo pensar que algunos fingen ser monstruos y yo siempre trato de fingir no serlo…Tenia sentido ahora, ya estaba en casa.
Danielle, la pequeña niña, salio por la mañana de su casa, camino hasta el mercado, en donde la señora Juana tiene su puesto de frutas, Danielle caminaba, saltaba y no noto que la gata Tisha le seguía, la gata Tisha, amiga desde pequeña de la niña es una gata blanca, hábil cazando mariposas, pero temerosa de los ratones, es muy listilla siempre conseguía trepar hasta la copa de los árboles para atrapar a las mariposas.

Danielle se acerco con la señora Juana estiro la mano y le dio dos monedas, sonrió y puso sus manos atrás en su espalda viendo atentamente como la señora Juana, sacaba de debajo de una mesita una enorme  caja con frutas; cañas, mandarinas,  tejocotes, plátanos, jícamas y manzanas, Danielle sonrió, tomo la caja,  la cargo como pudo y saliendo corriendo directo a su casa de la emoción, Tisha maulló y corrió detrás de la niña.

Toda la tarde Danielle elaboro un divertido plan de cómo decorar su ofrenda de día de muertos ella estaba muy emocionada, la noche del primero de noviembre le encantaba, pero mas le gustaba salir a jugar y espantar cada vez que tocaba la puerta de las casas   para pedir para su “calaverita”

Cuando Danielle termino de  ver toda la fruta que la Señora Juana le dio, vio que Tisha se había comido alguna fruta y reprendiendo al gato lo llevo a darse un baño, Tisha se resistía pero al final cedió y se baño.  Danielle preparo su ofrenda, coloco en una mesa con un mantel blanco; agua, harina y sal en recipientes, para que los muertitos hicieran su pan, con la fruta hizo montecitos y sobre ellos, esparció pétalos de cempaxúchitl, puso algo de comida, algunos guisos que su madre había hecho, también puso dos panes de muerto enormes y al final coloco 3 veladoras, para iluminar el regreso a casa a los muertos, que su madre encendió.

Ya era noche y Danielle ansiosa, preparo su disfraz, tomo su ropa, se vistió de algo parecido a una calavera de azúcar, aunque en realidad lo que ella buscaba era ser una  pequeña catrina, retoco sus labios con un labial rojo que minutos antes había tomado del cuarto de su mama sin que ella se percatara de ello, acomodo su cabello para que su cara estuviera descubierta, le llamo a Tisha, tomo una hermosa calavera de plástico  pintada con colores, azul, y rosa pastel, salió de su casa.

Afuera en la calle todo lleno de luces, fantasmas, muertos y brujas, saltaba de alegría, toco puertas y puertas extrayendo gritillos y muchos dulces, alguna que otra moneda, Tisha se asomaba detrás de las piernas de Danielle, o a veces desde la calavera de plástico donde Danielle  iba guardando sus dulces y monedas, otras solo estaba allí viendo como Danielle disfrutaba del día de muertos. Danielle estaba contenta, sonreía poco después de todo si quería asustar a la gente no podría estar sonriendo todo el tiempo...
Walter Benjamin dijo una vez que la primera experiencia que el niño tiene del mundo no es que "los adultos son más fuertes, sino su incapacidad de hacer magia". La afirmación, efectuada bajo el efecto de una dosis de veinte miligramos de mescalina, no es por esto menos exacta. Es probable, en efecto, que la invencible tristeza en la cual se sumergen cada tanto los niños provenga precisamente de esta conciencia de no ser capaces de hacer magia. Aquello que podemos alcanzar a través de nuestros méritos y de nuestras fatigas no puede, de hecho, hacernos verdaderamente felices. Sólo la magia puede hacerlo. Esto no se le escapó al genio infantil de Mozart, quien en una carta a Bullinger señaló con precisión la secreta solidaridad entre magia y felicidad: "Vivir bien y vivir felices son dos cosas distintas; y la segunda, sin alguna magia, no me ocurrirá por cierto. Para que esto suceda, debería ocurrir alguna cosa verdaderamente fuera de lo natural".

Los niños, como las criaturas de las fábulas, saben perfectamente que para ser felices es preciso tener de su lado al genio de la botella, tener en casa el asno cagamonedas o la gillina de los huevos de oro. Y en cada ocasión, conocer el lugar y la fórmula vale mucho más que proponerse honestamente y dedicarse con todas las fuerzas a alcanzar un objetivo. Magia significa, precisamente, que nadie puede ser digno de la felicidad; que como sabían los antiguos, la felicidad, para el hombre, es siempre hýbris, es siempre arrogancia y exceso. Pero si alguien llega a reducir la fortuna con el engaño, si la felicidad depende, no de lo que esa persona es, sino de una nuez encantada o de un ábrete-sésamo, entonces y sólo entonces puede decirse verdaderamente feliz.
Walter Benjamin dijo una vez que la primera experiencia que el niño tiene del mundo no es que "los adultos son más fuertes, sino su incapacidad de hacer magia". La afirmación, efectuada bajo el efecto de una dosis de veinte miligramos de mescalina, no es por esto menos exacta. Es probable, en efecto, que la invencible tristeza en la cual se sumergen cada tanto los niños provenga precisamente de esta conciencia de no ser capaces de hacer magia. Aquello que podemos alcanzar a través de nuestros méritos y de nuestras fatigas no puede, de hecho, hacernos verdaderamente felices. Sólo la magia puede hacerlo. Esto no se le escapó al genio infantil de Mozart, quien en una carta a Bullinger señaló con precisión la secreta solidaridad entre magia y felicidad: "Vivir bien y vivir felices son dos cosas distintas; y la segunda, sin alguna magia, no me ocurrirá por cierto. Para que esto suceda, debería ocurrir alguna cosa verdaderamente fuera de lo natural".

Los niños, como las criaturas de las fábulas, saben perfectamente que para ser felices es preciso tener de su lado al genio de la botella, tener en casa el asno cagamonedas o la gillina de los huevos de oro. Y en cada ocasión, conocer el lugar y la fórmula vale mucho más que proponerse honestamente y dedicarse con todas las fuerzas a alcanzar un objetivo. Magia significa, precisamente, que nadie puede ser digno de la felicidad; que como sabían los antiguos, la felicidad, para el hombre, es siempre hýbris, es siempre arrogancia y exceso. Pero si alguien llega a reducir la fortuna con el engaño, si la felicidad depende, no de lo que esa persona es, sino de una nuez encantada o de un ábrete-sésamo, entonces y sólo entonces puede decirse verdaderamente feliz.

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Sabbhat
Sir Sabbhat Avialcar
Artist | Professional | Artisan Crafts
Mexico
Esto que ves soy yo,
ni mas ni menos.
Un pedazo de ser…
un trozo de no humanidad…
un puñado de risas
un montón de sueños.
Una cuota de locura…
un pedazo de dulzura
con toda mi sinceridad.

Sir Sabbhat nace en la ciudad de México un septiembre del año 1983, donde reside actualmente.

Es poeta y cuentista, así como fotógrafo, tiene localizado su motor de vida en la literatura, la cual influye en su creación fotográfica, tal es el caso que casi siempre una fotografía viene acompañada de su propio poema o cuento, lejos de convertirse en un complemento, la alquimia de imágenes y letras son el núcleo de su obra. Mezcla calaveras, flores, y ángeles; entrecruza demonios y conjuros por igual Historiador de Profesión, es especialista en Edad Media y época colonial en México.

Caballero de la orden de Santiago. Sadico escritor y artista excéntrico.
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Comments


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:iconsabbhat:
Sabbhat Featured By Owner Dec 31, 2014  Professional Artisan Crafter
Me ha gustado leerte, no me gusto mucho lo que escribiste,   lo digo lo que dices porque  en la forma en que lo dices esta muy guay es increible lo bien que escribes ya escribes mejor, me molas mucho, pero bueno  si me encanta leerte siempre, y te extraño y te amo... y soy tonto
 nada mas sigue brillando y opacaras a la luna  nadie es mejor que ti
Reply
:iconlulu-fayette:
Lulu-fayette Featured By Owner Nov 9, 2014
Thanks for the watch!
Reply
:iconlulu-fayette:
Lulu-fayette Featured By Owner Oct 27, 2014
Thanks for the fav :)
Reply
:iconsiera2:
Siera2 Featured By Owner Oct 15, 2014  Hobbyist Photographer
Gracias por los favs :hug:
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:iconsabbhat:
Sabbhat Featured By Owner Oct 16, 2014  Professional Artisan Crafter
un gusto guapa con el arte
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